Diario
RITUALES.
Una reflexión sobre el tiempo, la repetición y la forma en que habitamos lo cotidiano.
Ritual.
Acción repetida que adquiere un significado que trasciende a la acción misma.

Los rituales cada vez pierden más presencia en el cotidiano. Y una vida sin rituales es una vida vivida por la inercia misma. En donde el día te lleva puesto y, al llegar la noche, no podés ni recordar lo que hiciste. Esa sensación de ir rebotando por la vida es, en parte, por la falta del ritual en el día.
Hoy el mundo sufre carencia de lo simbólico y allí es donde se comienzan a perder las imágenes y las metáforas que generan sentido y que otorgan estabilidad a la vida. Por lo tanto, disminuye la experiencia de la duración, aumentando radicalmente la contingencia.
“Los rituales se pueden definir como técnicas simbólicas de instalación en un hogar. Transforman el <<estar en el mundo>> en un <<estar en casa>>. Hacen del mundo un lugar fiable. Son en el tiempo lo que una vivienda es en el espacio. Hacen habitable el tiempo.”
— Byung-Chul Han, La desaparición de los rituales (Herder, 2020), p. 2.
Hoy, en donde el tiempo corre y pareciera ser que estamos constantemente llegando tarde a todos lados, los rituales ofrecen estabilidad a la vida. Nos traen al momento presente y nos recuerdan la importancia que tienen cada uno de nuestros actos.
Porque para que algo se convierta en ritual necesita, en principio, repetición. La repetición hace que el gesto deje de ser excepcional y se vuelva reconocible. Aunque no toda repetición es un ritual, lo que realmente lo diferencia de una rutina es la carga simbólica o intencional que adquiere. Una acción cotidiana puede, entonces, dejar de ser automática y convertirse en un gesto con significado que perdure en el tiempo.
Pero la erradicación de lo duradero que estamos enfrentando hoy destruye todo lo perdurable, obteniendo como resultado no terminar nunca de sintonizar realmente con la vida. Buscamos pasar de una sensación a la otra, en el menor tiempo posible, perdiendo así la capacidad de habitar la quietud y la duración de las cosas.
Los rituales nos traen el poder de olvidarnos de nosotros mismos, al menos por un rato, y poner toda nuestra atención a merced del ritual. Al mismo tiempo, nos desafían a que cumplamos con ellos a través de la repetición, y en esa repetición es donde cobra sentido lo que hacemos. Nos recuerda la importancia del compromiso y la voluntad.
“El pan de cada día no excita. Las excitaciones se pasan enseguida. La repetición descubre una intensidad en lo no excitante, en lo discreto, en lo insípido. Por el contrario, quien siempre espera lo nuevo, lo estimulante, pasa por alto lo que ya existe. El sentido, es decir, el camino, es repetible.”
— Byung-Chul Han, La desaparición de los rituales (Herder, 2020), p. 8.
El problema está en que tendemos a asociar los rituales con algo grande, extraordinario, excesivo. Con algo que está por fuera de nosotros y que tenemos que salir a buscar.
Pero tal vez un ritual no tenga que ser algo nuevo. Quizás podamos convertir en ritual aquello que ya hacemos.
Escuchar un álbum entero sin saltar de una canción a otra.
Leer unas páginas antes de dormir en vez de tragarnos todos los capítulos de una serie.
Escribir lo que pensamos en vez de consumir los pensamientos de otros en Tik Tok.
Levantarnos un poco más temprano para tener unos minutos de quietud.
Caminar sin consumir nada.
Esperar sin scrollear.


Actos simples que, cuando dejamos de hacerlos en automático, adquieren otra intensidad. Porque el ritual no necesariamente está en lo que hacemos, sino en cómo habitamos aquello que hacemos.
En darle tiempo a algo. En estar presentes. En permitir que una acción cotidiana tenga su propio ritmo. Porque la vida cotidiana está llena de pequeñas oportunidades para ritualizar y, constantemente, nos invita a detenernos, a repetir y a prestar atención.
Pero muchas veces buscamos afuera aquello que ya está dentro de nuestras posibilidades. Buscamos experiencias extraordinarias para sentir algo que quizás estaba disponible en lo más simple.
Realmente no necesitamos sumar más cosas a nuestra vida. Sino hacer de otra manera las que ya están ahí. Porque un ritual puede ser, simplemente, una forma de devolverle intensidad y sentido al cotidiano. Y quizás también una forma de volver a habitar nuestro propio tiempo.
Por esto es que decidimos llamar RITUALES a esta colección.
Porque creemos que vestirse también puede ser una forma de ritualizar lo cotidiano. Elegir qué ponernos, tocar una prenda, reconocer una textura, habitar nuestro cuerpo y prepararnos para salir al mundo son actos que hacemos todos los días, pero que muchas veces realizamos en automático.
Tomar el vestir como un ritual es una forma de volver a poner atención en algo que ya hacemos. De devolverle presencia a un acto cotidiano y, a través de él, devolvernos también el respeto que merecemos.
Tomar el vestir como un ritual es un acto de consciencia.
